“¿Estudiar diseño en Latinoamérica te va a matar de hambre?”

Durante años escuché la misma frase: "No estudies diseño que te vas a morir de hambre." La escuchaba en todo, en reuniones familiares, en comentarios de conocidos, en redes sociales, en memes e incluso en conversaciones entre estudiantes que, como yo, apenas comenzaban a imaginar su futuro. Se repetía tanto que por un momento me desilusioné y me la creí, todo indicaba que elegir una carrera creativa en Latinoamérica significaría aceptar desde el principio un futuro lleno de incertidumbre.
No les voy a mentir, es difícil ver la realidad de tu propio país en el las industrias creativas en nuestra región todavía enfrentan salarios desiguales, poca valoración del trabajo creativo y una constante necesidad de demostrar que el diseño es mucho más que "hacer cosas bonitas o funcionales". Organismos como la UNESCO (2022) y la UNCTAD (2022) han señalado que la economía creativa es uno de los sectores con mayor potencial de crecimiento, pero también uno de los que continúa enfrentando mayores retos en países latinoamericanos. Sin embargo Pero con el tiempo entendí que esa frase tenía otro significado para mí.

Incluso en la propia universidad nos indicaba que el éxito de grandes diseñadores reconocidos siempre ocurrían lejos de aquí, en ciudades como Nueva York, Londres o Berlín, y sin darme cuenta comencé a creer que para hacer un diseño extraordinario primero había que salir de Latinoamérica. No fue hasta una clase que tuve con el profe Gerardo donde mencionó a varios de sus mentores que me intrigó y comencé a investigar un poco para descubrir que este lado del mundo también está lleno de referentes que decidieron crear desde su propia identidad y que, precisamente por eso, lograron dejar una huella imposible de ignorar.
Comencé con uno de sus referentes Félix Beltrán, cuya capacidad para sintetizar ideas complejas en símbolos claros transformó la comunicación visual en Cuba y México, dejando un legado que sigue inspirando a generaciones enteras de diseñadores, muy bueno , casi como el Dr. Alderete, cuya gráfica mezcla la cultura popular mexicana, el rock, el cómic y la psicodelia con una libertad que demuestra que la identidad puede ser una ventaja y no un límite. También está Catalina Bustos, cuya ilustración habla de emociones, diversidad y feminidad desde una sensibilidad profundamente latinoamericana, y Erika
Coello, que demuestra que la ilustración y el diseño pueden dialogar con la cultura contemporánea sin perder autenticidad, y que se puede decir de uno de nuestros más grandes referentes mexicanos Alejandro Magallanes, que convirtió el cartel en un espacio para hacer preguntas, provocar conversaciones y recordarnos que el diseño también puede ser una forma de pensamiento crítico, no bueno, cada vez encontraba más y mejores referentes que me hicieron entender que ninguno de ellos diseñó pensando primero en premios internacionales o en demostrar que Latinoamérica podría competir con otros países.
Lo que tenían en común era una necesidad casi imposible de apagar por seguir creando sin el miedo al que dirán o si ganarán algún reconocimiento o no, y fue ahí donde comprendí que quizá el verdadero significado de "morirse de hambre" nunca tuvo que ver con el dinero.
Comprendí que quizá esa hambre es de crear, de imaginar, de resolver problemas visuales, de encontrar una idea que haga clic y sentir esa emoción cuando un proyecto finalmente cobra vida.

Hoy en día ya no interpreto aquella frase de la misma manera y aunque mi intención no es “romantizar” la precariedad ni decir que estudiar diseño garantiza una vida fácil o convertir este texto en un discurso donde todo se resuelve con "echarle ganas" porque la realidad es mucho más compleja que eso. Lo que sí sé es que existe otro tipo de hambre, una que nunca aparece en las estadísticas ni en las conversaciones sobre salarios, una que comparto con aquellos diseñadores que han sido destacados y es el hambre de seguir creando y diseñando, quizá algún día gane más o quizá gane menos, pero si algo realmente pudiera “matarme de hambre” no sería estudiar diseño en Latinoamérica, más bien sería dejar de crear o de pasar la vida haciendo algo que no me emociona, renunciando a esa curiosidad que me llevó a escoger esta carrera desde el principio. Porque el dinero, aunque necesario, nunca ha sido lo único que alimenta a un creativo.
Lo que nos mantiene vivos también son las ideas, las historias que contamos y la posibilidad de construir algo que antes no existía. Y mientras conserve esa hambre de crear, creo que siempre encontraré una razón para seguir diseñando así que NO, estudiar diseño en Latinoamérica no te puede matar de hambre, te puede matar de hambre no dedicarte a aquello que te llena y te alimenta el alma.
Referencias bibliográficas:
- AGI. (s.f.). Alejandro Magallanes. Alliance Graphique Internationale. https://a-g-i.org
- Heller, S., & Vienne, V. (2012). 100 Ideas That Changed Graphic Design. Laurence King Publishing.
- Icograda. (2013). Felix Beltran: Design and Visual Communication. International Council of Design.
- Meggs, P. B., & Purvis, A. W. (2016). Meggs' History of Graphic Design (6th ed.). Wiley.
- Museo Franz Mayer. (2022). Dr. Alderete: exposición y trayectoria. Museo Franz Mayer. https://franzmayer.org.mx
- UNCTAD. (2022). Creative Economy Outlook 2022. United Nations Conference on Trade and Development.
- UNESCO. (2022). Re|Shaping Policies for Creativity: Addressing Culture as a Global Public Good. UNESCO Publishing.